Ojalá los niños no tuvieran que sufrir nunca, pero desgraciadamente no es así, los peques también pueden pasarlo mal. Aunque nos parezca increíble, los niños pueden presentar problemas muy similares a los de los adultos: pueden padecer ansiedad, pueden padecer depresión… Incluso pueden recurrir al suicidio, tema del que muchas veces se evita hablar pero que debemos enfrentar si queremos hacer algo al respecto.

Un buen psicólogo infantil sabe jugar en el suelo, sabe contar historias, sabe hacer reír a un niño y sobre todo, sabe crearle un entorno seguro y acogedor. Debe adaptarse a su nivel de comprensión y sobre todo debe conseguir que esté a gusto en consulta: que se sienta cómodo para hablar, que se gane su confianza.


«Un buen psicólogo infantil sabe jugar en el suelo,
sabe contar historias, sabe hacer reír a un niño…»

El papel de los padres en una psicoterapia infantil es fundamental. Son una pieza clave en el tratamiento, una «prolongación» del psicólogo en casa. Por ello, una parte importante de las sesiones se dedica al entrenamiento de los papás en herramientas y técnicas para aplicar con su hijo en casa.